Aprenda cómo el ego inflado ciega sus ojos ante el verdadero Soberano
¿Por qué tantos hombres siguen siendo víctimas de actitudes erróneas? Muchos llevan en su interior un “rey” que no es más que una ilusión: un ego inflado. Esta actitud tiene raíces históricas: desde la antigüedad, los hombres han sido formados para luchar, conquistar y proteger. Esta mentalidad se ha transmitido de generación en generación e influye en todos los ámbitos de la vida, desde la carrera profesional hasta las relaciones. Sin embargo, el problema surge cuando los hombres refuerzan estas actitudes, creyendo que pueden hacer cualquier cosa sin tener que rendir cuentas.
Error grave
Claro que todos pueden buscar y alcanzar la realización personal, pero cuando el deseo de conquista excede los límites sanos, conviene ser cautelosos. Algunos hombres empiezan a codiciar lo ajeno, impulsados por un impulso insaciable. La Biblia nos lo muestra en la historia de David, rey de Israel, quien, a pesar de tener poder, victorias y esposas, deseó a Betsabé, la esposa de otro hombre. Su ego lo cegó, llevándolo a cometer un grave error.
Visión distorsionada
La advertencia sigue vigente, ya que muchos hombres aún actúan como si fueran soberanos absolutos e incuestionables. La sociedad refuerza esta idea, fomentando una cultura de competencia y conquista desenfrenada, especialmente en el ámbito emocional. Algunos hombres coleccionan relaciones como si fueran trofeos, consumen pornografía o mantienen actitudes irrespetuosas, incluso en una relación seria. Todo esto perpetúa una visión distorsionada y superficial de la masculinidad.
Cosas de hombres
Muchos justifican estos comportamientos alegando que son “humanos”, pero la Palabra de Dios es clara: “Todo me es lícito, pero no todo me conviene; todo me es lícito, pero no todo me edifica” (1 Corintios 10:23). Al respecto, el obispo Edir Macedo aconseja lo siguiente en la
Biblia Anotada: “En lugar de preguntarse si puede hacer esto o aquello, el cristiano debería preguntarse si lo que pretende hacer, además de contribuir a su propia fe, no escandalizará a sus semejantes. Con esta respuesta, sabrá si está honrando o deshonrando a Dios”.
Verdadero hombre de fe
Lo cierto es que incluso quienes se llaman cristianos necesitan reflexionar sobre si viven según las enseñanzas bíblicas o si simplemente llevan un título vacío. El verdadero hombre de Dios es aquel que reconoce sus límites y se somete a su voluntad. Por otro lado, el ego, cuando se impone en el corazón, conduce a la soledad, la pérdida de propósito y, peor aún, a que Dios no encuentre espacio para actuar en nuestro interior. Por lo tanto, es urgente reconocer al verdadero Rey: el Espíritu Santo. Solo él puede transformar el corazón y dar sentido a la vida.









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