Ana: La fe sin intermediarios
“Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8)
Ana pasó a estar en las Escrituras como un ejemplo de fe sin intermediarios.
•La fe que no espera por nadie.
•La fe sin religiosidad, que rompe los protocolos religiosos.
•La fe que va directamente a Dios y obtiene resultados.
Su situación era de humillación, vergüenza y constantes afrentas.
Ana estaba casada con un hombre muy religioso. Curiosamente, toda la religiosidad de Elcana no le ayudó a resolver la esterilidad de su esposa. Antes, cedió a la costumbre de la época de tomar una segunda esposa para darle hijos.
El religioso suele ser así: practica los rituales de la religión, pero cede a las presiones sociales y culturales para conformarse con lo que «todo el mundo hace». ¿Dónde queda Dios en todo esto? Dios simplemente no está ahí, porque no le atrae la religiosidad, sino la fe.
Ana también quedó presa durante un tiempo en esa religiosidad. Pero cuando su dolor se desbordó, un volcán de fe entró en erupción dentro de ella:
“Pero Ana se levantó después de haber comido y bebido en Silo, y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del Señor, ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente. E hizo voto y dijo: Oh Señor de los ejércitos, si tú te dignas mirar la afl icción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida…” (1 Samuel 1:9-11)
Cuando ya no pudo soportar más el dolor, Ana tomó su vida en sus propias manos y fue al Templo, pero no como otras veces, solo para cumplir un ritual, rezar, presentar ofrendas que no le costaban nada y esperar que los sacerdotes hicieran algo por ella.
Esta vez, se dirigió directamente a Dios. Ignoró al sacerdote. Habló desde lo más profundo de su alma
sobre su disgusto. E hizo un voto osado con Dios. En ese mismo instante, ya percibió el resultado: su semblante «ya no era triste» (v. 18). En tres meses, Ana quedó embarazada. En un año, nació Samuel (el nombre Samuel significa «oído por Dios», un testimonio de su fe osada y sin intermediarios).
Esta es la fe que debemos tener: sin religiosidad, sin dependencia de
terceros, sino con una actitud apoyada en la Palabra de Dios.









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