Según el filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860), la vida está dominada por deseos que nunca se satisfacen plenamente. Para él, la voluntad es un impulso que lo mueve todo, desde la naturaleza hasta los seres humanos, pero es una fuerza irracional, ciega e insaciable.
En la filosofía pesimista de Schopenhauer, el deseo de tener y el aburrimiento de poseer forman un ciclo de sufrimiento y felicidad que se limita a la ausencia de dolor y no es un estado permanente.
Muchos siglos antes, Salomón registró en el libro de Eclesiastés (1:2) una de sus frases más famosas: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, concluyendo que, sin Dios, los logros humanos son ilusorios y no traen satisfacción verdadera y duradera.
Si hubieran conocido nuestros tiempos, ambos habrían reforzado sus pensamientos, porque, a pesar de vivir en la época más opulenta de la Historia, los seres humanos somos más infelices que nunca.
Vivimos en un nuevo ciclo de ansiedad y aburrimiento, pero con un factor agravante: la esclavitud moderna. Muchos trabajan en empleos que odian, para comprar cosas que no necesitan, para impresionar a quienes no les agradan.
A este ritmo, incluso con las altísimas tasas de interés que se practican en el país, ocho de cada diez familias brasileñas están endeudadas y, entre las causas, está el consumo excesivo para ostentar estatus o por presión social.
Los pocos días de euforia que trae algo nuevo pueden significar meses, o incluso años, de pagos que ponen en riesgo los ingresos futuros, generando inseguridad financiera y, en consecuencia, más ansiedad. Y ahí es donde entra el agravante: ¿cómo se puede dejar un trabajo, incluso uno detestable, con deudas acumuladas?
Para Schopenhauer, el equilibrio de la vida reside en tres pilares: el arte (como medio de escape), la compasión (empatía por el sufrimiento ajeno) y el ascetismo (disciplina y autocontrol sobre los deseos).
Salomón, a su vez, trascendió la filosofía, dejándonos enseñanzas de sabiduría práctica en el libro de Proverbios. Y el cristianismo, en palabras de Jesús, enseña el método y la solución resumidos en pocas palabras: «Por eso les digo: Miren las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? (…) Observen los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero les digo que ni siquiera Salomón, en todo su esplendor, se vistió como uno de ellos» (Mateo 6:26-29).
Vivir un día a la vez, valorando el pan de cada día, puede traer serenidad, propósito y mucho más sentido a la vida.









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